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Cuando los quiteños duermen y la operación del Metro de Quito termina, el equipo de trabajo prepara la jornada del siguiente día.
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Antes del amanecer, ya trabajan por la ciudad: la historia de quienes mantienen en marcha el Metro de Quito

Cuando los quiteños duermen y la operación del Metro de Quito termina, un grupo de trabajadores de la empresa y de la operadora prepara la jornada del siguiente día.

Desde la medianoche, en los talleres y cocheras del Metro, los trenes son sometidos a estrictos controles de revisión, mantenimiento, prueba de sistemas y protocolos de seguridad. Incluso se lava, con una máquina especializada, a cada unidad y esto toma 30 minutos, mientras que la limpieza interna se realiza con meticulosidad para garantizar un ambiente óptimo para los usuarios.

«Nuestro trabajo es fundamental para ofrecer un servicio de calidad y excelencia», explica Andrés Cajo, supervisor del Metro de Quito. «Por eso, hacemos un llamado a la ciudadanía para que colabore con la limpieza de los trenes. La imagen de nuestro transporte refleja el respeto que tenemos por nuestra ciudad».

A las 03h00 comienzan a llegar los primeros operadores de los trenes. Odalis Llamuca, una de las 18 mujeres que operan estos gigantes de acero, se registra y realiza una prueba obligatoria de alcocheck antes de iniciar su jornada.

«Mientras la ciudad duerme, nosotros nos preparamos. Transportar más de 1.200 personas en cada viaje es una gran responsabilidad». «Siempre pienso: ¿viajaría mi familia segura en un tren que yo conduzco? Esa es la exigencia que me impongo cada día», afirma Odalis Llamuca.

Laura Flores, otra operadora de tren, el Metro de Quito, dice a ella no solo le importan los pasajeros, sino también sus sueños, familias e ilusiones: «La seguridad no es negociable. Estamos transportando vidas y es un orgullo saber que la gente confía en nosotros», asegura. Su mayor satisfacción es cuando los usuarios le saludan en cada estación, un gesto simple, pero lleno de significado.

El compromiso del equipo no se limita a los operadores. Desde la torre de control del sistema, Tammia Curichumbi, controladora de tráfico, coordina cada detalle de la operación. «Ser parte del 42% de mujeres indígenas en el área operativa del Metro es un orgullo. Nuestra labor es asegurarnos de que todo funcione a la perfección, como un reloj», dice.

Antes de que el primer tren inicie su recorrido, dos trenes de barrido salen de Quitumbe al Labrador y viceversa, a fin de dejar limpios los rieles y sus áreas cercanas. Su misión es recorrer la vía a 20 kilómetros por hora para inspeccionar y retirar cualquier objeto que pueda representar un riesgo. Solo después de este proceso, el sistema está listo para abrir sus puertas a la ciudad.

En los días laborables, el Metro de Quito inicia su servicio a las 05h30 y termina a las 23h00. Los fines de semana. Los horarios de servicio son de 07h00 a 22h00.

Así es como, antes de que la mayoría de quiteños despierten, el Metro de Quito ya ha recorrido un largo camino, en un esfuerzo silencioso pero fundamental que, bajo el lema ‘Transportamos sueños’, hace posible que la ciudad se mueva cada día con seguridad, eficiencia y compromiso. Así, el Metro de Quito, se consolida como la columna vertebral de la modernización histórica del transporte público de la ciudad y el país.

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